Triste, solitario y final
Se va el Mono Spahn. Se va, señores. No juega más. No es que se retira. Se va a desembarcar en otro puerto; el mismo que lo vio nacer, crecer y desarrollarse. No logramos retenerlo. No alcanzamos a llorarlo. Ni siquiera a decirle gracias.
Se va el Mono Spahn. Se va, señores. No juega más. No es que se retira. Se va a desembarcar en otro puerto; el mismo que lo vio nacer, crecer y desarrollarse. No logramos retenerlo. No alcanzamos a llorarlo. Ni siquiera a decirle gracias.
El último sábado, mientras algunos despedazaban una costilla asada, nuestro máximo crack entendió que lo mejor sería volver a la fuente.
El Monito tiene sus cosas: es duro ante las reacciones de y con los demás. A vec
es te da ganas de matarlo, es cierto, pero es indudable que se ganó el respeto y el cariño de todo el plantel. Todo lo que nos dio fue, es y será inolvidable. Pero será, a partir del próximo torneo, sólo un grato recuerdo.
El Monito tiene sus cosas: es duro ante las reacciones de y con los demás. A vec
es te da ganas de matarlo, es cierto, pero es indudable que se ganó el respeto y el cariño de todo el plantel. Todo lo que nos dio fue, es y será inolvidable. Pero será, a partir del próximo torneo, sólo un grato recuerdo. “Se va de gira”, como dirían los colegas de aquellos artistas que te enseñan y comparten incondicionalmente su magia. No sabemos si va a volver, aunque estamos convencidos de que, tal vez, en algún momento lo haga, pero eso importa poco ahora. Lo que sí es digno de destacar pasa por sus aportes, por sus frases desencajadas y sobre todo, por festejar tanto chiste malo y ajeno. Porque el Mono es así: no le importa qué, sino quién.
Es un hecho. Una realidad con la que debemos empezar a convivir. Porque cuando un amigo se va, triste, solitario y final, quedan los que quedan. Además del espacio vacío.
Gracias Mono, te esperamos.
Gracias Mono, te esperamos.
La Comisión



